Yo no estoy seguro de que la razón sea la dadora de conocimiento verdadero en el mundo, si así fuese, ¡Qué mundo tan aterrador y simplista sería!
Llos filósofos ponen sus reglas y sus teorías sobre cómo funciona la naturaleza, yo comulgo con unos, con otros no, pero estoy seguro de que la mayoría de las explicaciones y presentimientos sobre como percibimos el mundo son equivocados, tomemos por ejemplo el planteamiento del cielo, o de la verdad, o del “lugar de las ideas”, ¿existen? O que acaso no son solamente paliativos para no aceptar el mundo como es, la promesa de un mundo mejor después de la muerte es una mentira terrible, ¿que no es posible que “el cielo” sea solamente una forma de ayudar en el duelo que causa la muerte de algún ser querido y la comprensible solución para el problema de no-existir?
El pensar que existe un cielo puede ser contraproducente para los que vivimos, existen personas que sufren verdaderos tormentos cuando piensan en que se quedarán sin su entrada al cielo y no hablo del cielo cristiano, sino también del paraíso musulmán y del oriental, del egipcio y del maya. ¿Qué ocurre con los miles de católicos que se flagelan y se lastiman como forma de aliviar el dolor de los pecados, como penitencia?, ¿Qué no es igual de terrible el detonar una bomba en un autobús que practicarse el seppuku japonés? ¿Qué no son todos estás prácticas atentados contra la vida, el mayor bien que una persona tiene? La pregunta final, y aunque suene medio sofista la diré: ¿Somos capaces de comprender la inmortalidad? Yo pienso que no, ideas tan sencillas como la existencia del tiempo todavía nos acongojan y dejan a las personas más brillantes de la humanidad boquiabiertos sin poder darnos una explicación confiable; hablemos más de la eternidad, yo he estado pensando mucho sobre el cielo, y llegué a pensar en el eterno retorno, ¿Qué pasaría si el cielo fuese ahora? Hoy, es el cielo, aquí.
Da escalofríos pensar que esto es el cielo, decirle eso a los presos de Guantánamo o a los del CERESO de Baja California sería darles una tremenda desesperanza, ¿pero que no es esta idea mucho mejor para la humanidad? El pensar que yo viviré, como decía Nietzsche, esta vida una y otra y otra vez, es para mí más reconfortante y más emocionante que el pensarme en un lugar “donde todo sea Dios, felicidad y placer”. Cada momento de angustia y de placer se repetirán hasta el infinito, puesto que repetirlos sería glorioso, incluso los momentos más dolorosos, más terribles y crueles los he disfrutado a su manera, los atesoro como un compendio de como he vivido la vida, sea esto vivir la vida en epidemia o en bonanza. Y la idea de la eterna repetición es relajante, saber que volveré a mi niñez, que seré siempre joven, siempre niño o siempre feliz es posible puesto que todo sucede al mismo tiempo y todo está sucediendo siempre, no hay presente, ni pasado ni futuro, ni siquiera un presente continuo o una repetición infinita, sino que no hay tiempo tal y como lo captamos.
El hecho de que todos entendamos que el tiempo tiene una dirección está pues fundado en la mente y por lo tanto no tiene una base verdadera y no es más que una de las teorías fabricadas que pueden ser falsas. Todo es ahora y ahora es siempre, no solamente me serviría a mí este pensamiento sino que salvaría a la humanidad, sí, salvaría a la humanidad de sí misma, de su egoísmo, de su ambición y sus errores, le daría al hombre una razón para ser bueno, generosos y honesto, sería el hombre honesto no porque espera una recompensa después (interesados incorregibles) o por hacerle el bien al prójimo sino que sería honesto, bueno e intachable por sí mismo, ese hombre adquiría un sentido de trascendencia, de que una acción buena se repetirá en su persona hasta el infinito así como la mala la sufrirá por toda la eternidad, salvándose a sí mismo por interés propio, y ese, el interés propio, es tal vez el sentimiento más fuerte, más intenso y antiguo que el ser humano ha experimentado jamás, explotar esta brecha en nuestra naturaleza no solo nos haría mejores personas, sino que salvaría a nuestra especie, ahora sí, para siempre.
“El peso más grande. ¿Qué ocurriría si un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en la más solitaria de tus soledades y te dijese: «Esta vida, como tú ahora la vives y como la has vivido, deberías vivirla aún otra vez e innumerables veces, y no habrá en ella nada nuevo; sino que cada dolor y cada placer, y cada pensamiento, y cada suspiro, y cada cosa indeciblemente pequeña y grande de tu vida deberá retornar a ti, y todas en la misma secuencia y sucesión -y así también esta araña y esta luz de luna entre las ramas y así también este instante y yo mismo-. ¡La eterna clepsidra de la existencia se invierte siempre de nuevo y tú con ella, granito de polvo!?» ¿No te arrojarías al suelo, rechinando los dientes y maldiciendo al demonio que te ha hablado de esta forma? ¿O quizás has vivido una vez un instante infinito, en que tu respuesta habría sido la siguiente: «Tú eres un dios y jamás oí nada más divino»? Si ese pensamiento se apoderase de ti te haría experimentar, tal y como eres ahora, una transformación y tal vez te trituraría; la pregunta sobre cualquier cosa: «¿Quieres esto otra vez e innumerables veces más?» pesaría sobre tu obrar como el peso más grande. O también, ¿cuánto deberías amarte a ti mismo y a la vida para no desear ya otra cosa que esta última, eterna sanción, este sello?”
(La gaya ciencia, § 341)
Friedrich Nietzsche